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Uno de los errores más comunes entre quienes se inician en el running es la descompensación entre el aumento de la actividad física y una ingesta insuficiente de alimentos. Esta situación, lejos de mejorar el rendimiento, genera efectos adversos como fatiga persistente, lesiones recurrentes y una sensación general de agotamiento.
La preocupación por mantener el peso corporal o evitar que aumente lleva a muchos corredores a restringir el consumo de hidratos de carbono, saltarse comidas o adoptar dietas desequilibradas. Esta estrategia, basada en mitos alimentarios, termina perjudicando el proceso de adaptación fisiológica al entrenamiento.
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Además, el cuerpo humano necesita una cantidad adecuada de energía para soportar la carga de trabajo que implica correr, especialmente en fases de preparación más exigentes. Por tanto, no ajustar la alimentación a las demandas del entrenamiento diario limita tanto la recuperación como la evolución del corredor popular.
La importancia de comer antes y después de correr
Iniciar una sesión de entrenamiento sin haber ingerido alimentos o hacerlo con una ingesta mínima, como un café solo, puede alterar el metabolismo y aumentar el riesgo de lesiones. Lo mismo ocurre cuando no se repone la energía gastada tras el ejercicio, lo que impide una recuperación adecuada del sistema muscular.
Un enfoque básico, pero eficaz, consiste en incluir una pequeña toma antes de correr. Alimentos como un plátano, una tostada con crema de cacahuete o un puñado de frutos secos aportan energía sin causar molestias digestivas. Después del entrenamiento, conviene optar por una comida equilibrada que combine fuentes de proteína y carbohidratos complejos, contribuyendo así a la reparación muscular y la reposición de glucógeno.
Integrar la alimentación como parte del entrenamiento es una estrategia que refuerza tanto la salud como la continuidad en la práctica del running. Planificar qué, cuándo y cuánto comer es tan relevante como organizar el calendario de sesiones.
Nutrición, clave para evitar el abandono
El error de comer poco mientras se incrementa el kilometraje puede pasar desapercibido al principio, pero a medio plazo suele desembocar en desmotivación, estancamiento en los resultados e incluso abandono definitivo del hábito de correr.
A diferencia de lo que suele creerse, alimentarse adecuadamente no implica necesariamente ganar peso. Por el contrario, ayuda al organismo a adaptarse a las exigencias físicas del entrenamiento, mejora el estado de ánimo y permite mantener un ritmo de vida activo. Esta perspectiva es especialmente relevante entre corredores aficionados de entre 30 y 60 años, que suelen compaginar sus rutinas deportivas con obligaciones laborales y familiares.
Por tanto, la nutrición debe considerarse un pilar fundamental del rendimiento, al mismo nivel que el descanso o la progresión en los entrenamientos. Entender la alimentación como parte del proceso permite avanzar con mayor seguridad, salud y continuidad en la práctica del running.
FAQs
- ¿Cuál es el principal error nutricional entre corredores principiantes? Evitar el consumo adecuado de alimentos por miedo a ganar peso, especialmente en fases de entrenamiento más intensas.
- ¿Qué se recomienda comer antes de correr? Una pequeña ración de carbohidratos de fácil digestión, como fruta, pan integral o frutos secos.
- ¿Es necesario comer justo después de correr? Sí, para facilitar la recuperación muscular y reponer los niveles de energía utilizados durante el ejercicio.
- Comer más, ¿implica ganar peso al correr? No necesariamente. Una alimentación ajustada al gasto energético favorece el rendimiento sin generar sobrepeso.
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