viernes, enero 9, 2026

Correr hacia el cielo: 924 escalones de esfuerzo y vértigo en Benidorm

Así es la subida vertical al Gran Hotel Bali: un reto explosivo entre pasillos, barandillas y mucho sudor

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Benidorm es sinónimo de sol, playa y rascacielos. Pero desde hace años también lo es de retos verticales. La emblemática torre del Gran Hotel Bali, con sus 186 metros de altura y 52 plantas, se convierte cada primavera en el escenario de una de las pruebas más singulares del calendario nacional: una carrera contrarreloj que no se corre sobre asfalto, sino entre escalones, barandillas y respiraciones entrecortadas.


El próximo 26 de abril de 2025, medio millar de corredores se enfrentarán al desafío de la XIX Subida Vertical Gran Hotel Bali. Una prueba donde el objetivo es llegar lo más rápido posible desde la planta baja hasta la azotea. Un total de 924 escalones en una modalidad que exige más cabeza que piernas, más gestión del ritmo que velocidad pura, y sobre todo, una buena relación con el ácido láctico.

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Un formato que conquista por lo corto… y por lo bestia

A diferencia de los maratones o las carreras de montaña, donde el desgaste es progresivo, aquí el esfuerzo es explosivo y sin margen para el error. Desde el primer escalón, el corredor sabe que no puede reservar nada. El cuerpo se dispara a niveles de pulsaciones que rozan el umbral anaeróbico en menos de 90 segundos.

El récord masculino sigue en manos de Christian Riedl, atleta alemán especialista en “tower running”, con un tiempo de 4:20 minutos logrado en 2016. En la edición de 2024, el vencedor en la categoría Open masculina fue Antonio Mercadal Roldán, con un tiempo de 5 minutos y 12 segundos, mientras que en la categoría Open femenina, la ganadora fue Pilar Medina Heredia, con un tiempo de 6 minutos y 31 segundos .

Una disciplina con reglamento, circuito y Mundial propio

Aunque para muchos pueda parecer anecdótico, el tower running es una disciplina oficial, con federación internacional (Towerrunning World Association, TWA), clasificación global y un circuito de carreras que incluye ascensos tan icónicos como el Empire State Building en Nueva York, la Torre Eiffel en París o la Willis Tower de Chicago.

La prueba de Benidorm está incluida en el calendario oficial de la TWA, lo que la convierte en una cita imprescindible para corredores de alto nivel, pero también en un reto perfecto para runners populares que buscan una experiencia completamente diferente.

El perfil del participante en Benidorm es mixto: desde atletas profesionales hasta corredores aficionados, bomberos, triatletas o trail runners. Todos encuentran en este reto una forma de medir su capacidad anaeróbica, su tolerancia al sufrimiento y su agilidad mental.

¿Cómo se entrena para subir 924 escalones?

Contrariamente a lo que se podría pensar, no basta con tener buenas piernas. Subir un edificio de más de 50 plantas sin descanso requiere un trabajo específico. Los expertos recomiendan sesiones de intervalos de escaleras, entrenamientos funcionales centrados en cuádriceps, glúteos y core, así como ejercicios de técnica de subida (uso de brazos, tracción de barandillas, cambios de ritmo).

Además, la adaptación psicológica es clave. La carrera se desarrolla en un entorno cerrado, sin referencias visuales, donde la ventilación escasea y la mente juega malas pasadas. La sensación de encierro, la oscuridad parcial de las escaleras y la ausencia de público hacen que algunos corredores abandonen antes de llegar a la mitad.

Seguridad, logística y ambiente

La organización limita el número de participantes por razones evidentes: seguridad, ventilación y espacio de evacuación. Los corredores salen en tandas cronometradas cada 30 segundos, y hay personal médico y de emergencias apostado cada pocos pisos. Además, se habilitan zonas de recuperación y fisioterapia en la planta superior, ya que muchos llegan con síntomas de hiperventilación y fatiga intensa.

El ambiente, a pesar de desarrollarse dentro de un edificio, no es frío. En la explanada del hotel se congregan familias, curiosos, speakers y animación musical. Muchos participantes bajan al terminar y repiten la subida solo para disfrutarla sin presión. Para algunos, este tipo de retos verticales es un complemento ideal a sus temporadas de running o triatlón. Para otros, es una forma de romper la rutina y reencontrarse con su motivación deportiva.

Por qué deberías probarlo (al menos una vez)

El tower running tiene algo de ritual iniciático. Supone un cambio total de chip para quienes están acostumbrados a carreras largas, a la gestión del ritmo o al entorno natural. Aquí todo es vertical, cerrado, inmediato. No hay lugar para mirar el reloj. Solo importa el siguiente escalón.

Además, este tipo de pruebas fomenta valores interesantes: gestión del esfuerzo, preparación funcional, adaptación mental y resiliencia rápida. No hay paisajes, pero sí una promesa: si llegas a lo alto, las vistas de Benidorm desde la terraza del Gran Hotel Bali te recompensarán como ninguna meta.

Una tendencia que crece (aunque suba)

A medida que crece el número de corredores amateurs que buscan retos alternativos, el tower running se posiciona como una opción real para quienes desean romper con la monotonía. No exige una preparación de meses como un maratón, pero sí una entrega total durante unos minutos. Y aunque el sufrimiento sea breve, su intensidad es memorable.

Benidorm, con su clima benigno, su infraestructura hotelera y su apuesta por el deporte urbano, se ha convertido en la sede ideal. No es casualidad que cada año lleguen más participantes internacionales, que se suman a los habituales nacionales y a una cantera creciente de corredores verticales.

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